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domingo, 29 de enero de 2012

Las ideas y la experiencia social

Los invitamos a leer el artículo de Alejandra Rodríguez, integrante de Pensamiento Militante, publicado en Pág 12 el 17 de enero del 2012.






Por Alejandra Rodríguez *


”Actuar con el pensamiento es propio de todos, por ende, de nadie en particular (...) En este sentido, nadie tiene derecho a hablar como intelectual, lo que equivale a decir que todo el mundo lo es.”
Jacques Rancière

El debate en torno de la figura del intelectual y su relación con el poder político es de larga duración. Esta tensión es reavivada por algunas situaciones que despuntan cada tanto en la escena pública; son ejemplo de ello en estos últimos días, la entrevista a José Pablo Feinmann en el diario La Nación y la aparición de Plataforma 2012, así como lo ha sido en su momento el cruce entre Vargas Llosa y Horacio González o la participación de Beatriz Sarlo en el programa televisivo 6,7,8.
Una de las características sobresalientes de este proceso político es justamente la aparición pública de los denominados y autodenominados intelectuales. A partir de esto nos permitimos reflexionar acerca de la condición del intelectual y su relación con la vida social, en tal caso, repensar esta denominación distintiva arraigada en el sentido común que les otorgamos a ciertas personas cuando las definimos como “intelectuales”.
Una primera aproximación al concepto “intelectual” admite la existencia de personas con determinadas características diferenciales en relación con otros. Ser un intelectual supone el ejercicio del intelecto, por lo tanto son intelectuales aquellos que trabajan con el pensamiento y las ideas. En muchos casos el término intelectual es utilizado como sinónimo de “académico”. Por otra parte, existe una idea romántica e iluminista en torno del intelectual, aquella persona que en soledad es capaz de gestar las ideas más brillantes y originales, por lo tanto es necesario que éste mantenga cierta distancia de la masa social, del poder político y de los medios masivos de comunicación para garantizar un pensamiento critico, complejo y original. La soledad es la garantía para que esto suceda. En esta línea, los intelectuales requieren del reconocimiento y valoración de sus ideas, y eso es legítimo, siempre que se considere que las ideas son propiedad de una cabeza ilustrada, reflexiva e iluminada.
En este sentido quisiéramos replantearnos esa posición frente a las ideas, ya que consideramos que éstas son productos de contextos socioculturales, de relaciones intersubjetivas y actos de comunicación que suceden entre las personas de una comunidad. Las ideas son sociales.
Los pragmatistas norteamericanos: Holmes, James, Pierce y Dewey, tenían diferencias personales y filosóficas, pero compartían una idea sobre las ideas, ellos creían que las mismas no están “ahí” esperando ser descubiertas, sino que son herramientas –como los tenedores, los cuchillos y los microchips– que las personas crean para hacer frente al mundo en que se encuentran.
Desde esta perspectiva todos somos intelectuales porque todos somos capaces de pensar; el pensamiento no es privativo de nadie, por más trayectoria académica que una persona posea. Este posicionamiento nos lleva a cuestionar la doxa, esa opinión que otorga autoridad a los intelectuales para intervenir en las cosas de la política. El proceso político transformador que estamos transitando necesita ser profundizado con constructores pensantes, por eso creemos que es necesario reconfigurar esa posición sostenida de que sólo aquellos habilitados y formados para pensar son los que pueden otorgar legitimidad o cierta claridad lumínica a los acontecimientos sociales. El tiempo que transcurre no necesita ser iluminado por los que piensan, como si fuesen una parte externa del mismo, un grupo de voyeurs hermeneutas, cuya racionalidad que sobrevuela el común de las personas es la indicada para develar y explicar el sentido de las contiendas políticas y culturales. El alumbramiento sucede en las múltiples expresiones comunicativas y en el carácter de autorreflexividad colectiva que los pueblos tienen producto de la experiencia social compartida.
En estas posiciones se dirime la sintonía fina de la disputa cultural del presente, un tiempo en el que la originalidad y la soledad del pensamiento (si es que esto fuese posible) no son valores primordiales. La generosidad de este momento político nos demanda la construcción de artilugios teóricos, discursivos y retóricos que sean interpelados en su aplicabilidad social, no para explicarles a los “no intelectuales”, ni para contribuir a la interpretación de lo que va sucediendo, sino para comprender colectivamente el devenir de este tiempo y el horizonte de nuestra experiencia. Esta comprensión de conjunto se construye en la vida social, no en la cabeza o la voluntad de una o algunas personas. La producción de igualdad es una tarea que nos debemos también en este sentido. Como sociedad nos queda el desafío de reinventar nuevos modos de producción de conocimiento, nuevos modos de pensar la relación entre el campo de las ideas y la experiencia social.
* Licenciada en Artes Combinadas (UBA), integrante de Pensamiento Militante y Red Mujeres con Cristina.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Acerca del pensamiento militante

Este es el romance del pensamiento militante, de la aventura colectiva y unas pocas cosas más...

Frecuentemente la experiencia política queda atrapada en el callejón (¿sin salida?) de la correlación de fuerzas y descuida que las disputas de este tiempo transitan también por el camino de las ideas y los sentidos. La lucha no se dirime solo por los espacios de poder.

Ahora bien, la monopolización del sentido no puede quedar en manos de unos pocos, porque somos muchos los que venimos siendo parte de la conversación social. La interpretación del tiempo que transitamos se enriquece con múltiples verdades y puntos de vistas y se empobrece en la pretensión de unificar lecturas, de polarizar las posiciones.

El pensamiento militante es pensamiento-acción, es una posibilidad que se despliega en el vínculo intersubjetivo, allí, cuando nos imbricamos. Es activo, transformador, se recrea permantemente en las conversaciones, en las lecturas, es abierto, se anima a la autocrítica, busca nuevos interrogantes, interpreta, complejiza, no se limita a la reproducción automática, es generador, co-productor de sentidos y prácticas.

El pensamiento militante no pretende “acompañar”, ya que esto supone mirar desde afuera, sino más bien 'protagonizar' la revuelta de estos tiempos, ser parte de la masa descubridora de su potencia. El trabajo del pensamiento está en cruzar los puntos que se tejen con  los hilos de las palabras- apasionadas, imprecisas, balbuceadas – y con ellas trazar líneas, crear formas, sentidos y prácticas. El pensamiento no tiene dioses ni maestros iluminados que lo autorizan  a pensar, a qué pensar. La confianza y el motor están en la comunicación entre pares, en el entendimiento colectivo.

Quienes integramos este colectivo político no pretendemos ser la vanguardia de nada más que nuestras posibilidades, a las que no pensamos renunciar en el altar de la falsa antinomia: pensamiento o acción. La reposición del pensamiento en la experiencia política y social es tarea de todos, no se trata de privatizarlo ni confinarlo como propiedad de los que 'piensan' en contraposición a los que 'hacen' Pensar es hacer, al comunicarnos accionamos, nos ligamos, hacemos lazo, nos ponemos en relación, construimos comunidad. Nuestro pensamiento es praxis, porque se anima a cuestionar lo instituido, a reflexionar más allá de lo que se presenta como inexorable, poniendo en duda el orden dado y el continente que organiza y estructura nuestra percepción sensible del mundo que habitamos.

Así lo decía nuestro compañero John William Cooke: “...la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística manejan unos pocos inciados, sino un instrumento de las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas”.


Alejandra Rodríguez

sábado, 13 de agosto de 2011

Mundo político, mundo intelectual.

Los invitamos a leer el artículo de Alejandra Rodríguez, integrante de Pensamiento Militante, escrito para el Boletín N° 3 del Centro de Estudios Perspectiva Sur del grupo GPS:

Cambio cultural, desafío de la política y las nuevas generaciones por Alejandra Rodríguez


En la misma publicación pueden leer también los artículos de Amílcar Salas Oroño y Gabriela Rodríguez.